Publicado por: Coceta
Numero_10 | mar 01 - Jul - 2008

Renacer con mucha más fuerza

GRANDES TEMAS DEL COOPERATIVISMO

Metalva

Cooperativa Metalva

Hay un mundo de historias que quedaron escondidas en la historia de España. Una de ellas es la de las empresas en quiebra recuperadas por sus trabajadores y reconvertidas en cooperativas. Aunque de ellas nada se sabe, son empresas muy rentables que pasaron tiempos muy duros. La crisis actual ha sacado estas historias del cajón de la memoria.

A finales de 2007, los trabajadores de la empresa aragonesa Low Power, dedicada a la metalurgia, empezaron a percatarse de que algo no iba bien. Los proveedores habituales les ponían pegas para suministrarles pedidos, y no fue hasta enero de este año cuando cobraron la nómina de noviembre. Lejos de dar explicaciones, el empresario les negaba que hubiera cualquier problema, pero a finales de marzo Low Power cerró. Dejó en la calle a todos sus trabajadores, deudas millonarias y, lo más sorprendente, muchos trabajos que no se pudieron realizar. Después de varios conflictos, los trabajadores formaron una cooperativa: Metalva. Ahora están recuperando a los clientes y continúan la actividad metalúrgica. Para su formación contaron, entre otros, con la colaboración de algunos proveedores. ¿Le suena a alguien esta historia? Es una historia muy conocida en los años ’70 y ’80, que hasta los mismos protagonistas han olvidado contar.

“No lo sé, será que facturamos unos tres millones de euros por año”, responde Casto Duque Ramírez, de la cooperativa metalúrgica de Castilla la Mancha Cosemap, cuando se le pregunta qué tiene de distinta su empresa. Luego lo piensa, titubea un poco y, como si contara que un día se comió un plato de patatas, agrega: “Claro, que esto inicialmente no era una cooperativa. Éramos obreros de una empresa vasca que un día, en 1982, decidió cerrar y dejarnos en la calle sin siquiera nuestras indemnizaciones. Hicimos de todo para conseguir seguir con la empresa: manifestaciones, encierros, huelgas de hambre… Todo para que nos pagaran. Y, al final, después de muchas luchas, conseguimos quedarnos con la maquinaria y la cartera de clientes”. Era una época de una profunda crisis económica, convulsionada por la Transición a la democracia.

La historia que cuenta Duque casi por casualidad, y la historia de Metalva, es también la historia de muchas empresas cooperativas de larga trayectoria: Ciatco, Olea Metal, Pannosco, Sherlimp, Mol-Matric… Nunca se hizo un recuento, pero quienes vivieron esos años desde la Justicia lo recuerdan como un torbellino de expedientes. Comisiones Obreras llegó a crear una sección dedicada exclusivamente a la transición de los medios de producción.

“Un perito valoraba lo que quedaba: máquinas de coser, imprentas… y a veces eso era parte de las indemnizaciones”

“Todas las mañanas las pasaba entre la Magistratura del Trabajo, lo que hoy serían los Juzgados de lo Social, y el Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación”, cuenta una abogada laboralista. “Había manifestaciones prácticamente a diario en la calle Orense, en Madrid. Algunos dueños abandonaban las fábricas sin pagar ni las indemnizaciones ni la seguridad social. Así que para que pudieran cobrar los trabajadores incluso había que valorar los bienes, si existían. Un perito valoraba lo que quedaba: las máquinas de coser, las imprentas, lo que hubiera. En algunos casos eso se pagaba como parte de las indemnizaciones”, explica.

Mol-Matric es una empresa que nació en circunstancias parecidas a las de Cosemap. Inició su andadura en los años ’70 con mucha ilusión pero no sin problemas. Los socios no tenían la menor noción de gestión empresarial, así que los puestos directivos se repartieron en función de las aptitudes de cada uno. El jefe de producción terminó siendo un empleado que destacaba por ser ordenado y metódico; y el actual director, que entró en la empresa como hombre de la limpieza, se encargó de la informatización, ya hace 15 años, por su gran interés en los ordenadores. Hoy es una empresa muy rentable.

Para resolver los inicios de actividad de las cooperativas como Mol-Matric o Cosemap, el Gobierno de entonces creó el Fondo Nacional de Protección del Trabajo, que concedía créditos blandos por socio para iniciar la cooperativa y un crédito especial para contratar a un gerente por un año.

“Era una crisis, como ahora, relacionada con el petróleo”, cuenta Rafael Calvo Ortega, ex ministro de Trabajo en 1978, creador de la medida y hoy presidente de la Fundación Iberoamericana de Economía Social (Fundibes). “Fue una medida muy correcta porque el grado de supervivencia de esas empresas, cooperativas y sociedades laborales era mucho mayor que el resto. Los empleados, al ser también dueños, se implicaban más”.

Tiempos modernos

Aunque la situación actual es totalmente distinta a la de aquellos años, España es un país rico y mucho más formado intelectual y políticamente, se vuelve a escuchar la palabra “crisis”. El paro subió en mayo por primera vez desde 1979, algunas empresas están cerrando y se vuelven a oír historias como las de hace 30 años.

Además de Metalva, hay compañías más pequeñitas que cierran, y, al quedarse desempleados, los obreros aprovechan que pueden cobrar todo el paro de una vez para iniciar la cooperativa. Es el caso del Taller Salamandra, en la sierra de Madrid. “Después de 15 años trabajando en una fábrica de artesanía, nuestros jefes decidieron que el mundo de la importación de productos asiáticos dejaba mucho más dinero”, cuenta una de sus integrantes. El Taller Salamandra lleva ahora dos años trabajando, han abierto una tienda y siguen adelante sin problemas.

“Hay una tendencia a ligar la economía social con las crisis, y ésa es una idea que hay que rechazar”, concluye el ex ministro de Trabajo e impulsor de las medidas que ayudaron a la reconversión hace 30 años, Rafael Calvo Ortega. “Son empresas que siguen adelante cuando hay crisis, y pueden superar mejor las dificultades, pero eso no quiere decir que vayan ligadas a situaciones de crisis. Son buenas opciones siempre porque una persona que es dueña de la empresa, además de trabajadora, y toma decisiones es más responsable”, concluye.

La cooperativa de alfombras Sherlimp, formada por 42 obreros que compraron la empresa al dueño, utilizó la opción de contratar a un gerente. “Muchas personas, incluido el Ministerio de Trabajo, le daban dos meses de vida a la cooperativa”, cuenta Marco Antonio Canelo, director de Sherlimp. “Se olvidaron por completo del capital humano. Con solidaridad y compañerismo logramos ya 30 años de existencia y la cifra nada despreciable de 30.000 clientes”.

No todas las historias han sido de lucha obrero-jefe. Algunos dueños de empresas simplemente no podían pagar y decidían, de buena forma, dejar la fábrica a los obreros como pago en especies. Cartonajes Aitana, una compañía de la Comunidad Valenciana que quebró también en los años ’70, no sólo pudo ser rentable cuando pasó a manos de los trabajadores, sino que los mismos obreros decidieron aceptar luego como socios a los hijos de los antiguos dueños. Para salir adelante, todos trabajaban inicialmente “día y noche como las hormigas”. Hoy realizan una actividad de enorme arraigo en su comarca.

Otra empresa con una experiencia similar, también en la Comunidad Valenciana, es la de la familia Manclús, dedicada al arreglo de campanarios, cuyos dueños decidieron directamente cerrar y reiniciar la actividad en cooperativa. “Cuando sales de una situación en la que ha habido conflictos, hay ciertos recelos entre unas partes y otras, y lo mejor para que todo estuviera claro y hacer a todos realmente partícipes del nuevo proyecto fue la cooperativa”, explica Salvador Manclús, uno de los fundadores.

No todas las empresas se sumaron a las ayudas del Estado. También funcionó en aquellos tiempos el ahora conocido como “intercooperativismo”. La cooperativa gallega Panificadora del Noroeste, que surgió de un proceso de reconversión de la empresa Paefsa, adquirió la fábrica con el esfuerzo de 35 trabajadores y una hipoteca vinculada a la antigua compañía y difícil de pagar. Para lograrlo, contaron con el respaldo de otra cooperativa, Meirás, actualmente de consumidores y usuarios, y lograron ser una panificadora muy conocida en la comarca de Ferrolterra, donde están ubicados.

En 1984, España aprobó una nueva ley, aún vigente, que permite que aquellas personas que vayan al paro puedan cobrarlo de una vez para crear una cooperativa. Cientos de cooperativas fueron creadas desde entonces.

Esta información ha sido elaborada por Olga Ruiz, Virginia del Peso, Mar Pernas, David de la Puente, Ana Real, Pilar Villaverde y Mariana Vilnitzky.