Publicado por: Coceta
Entrevistas / Numero_24 | lun 10 - Oct - 2011

“El cooperativismo puede hacer posible un gran sueño, a través de muchos pequeños sueños”

Maruja Torres (Barcelona, 1943) es una reconocida periodista y escritora, ganadora de los premios Planeta y Nadal, con una larga trayectoria como corresponsal en zonas de conflicto bélico. Siempre interesada por los temas sociales, ha pasado de la escritura periodística a la ficción, con su primera novela negra, Fácil de matar, con la que puede hacer justicia con tinta propia. En esta entrevista para EMPRESAYTRABAJO.COOP muestra un gran interés por construir un mundo mejor; y por ayudar a crear un futuro global justo, en cooperativa.

Maruja Torres

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Maruja Torres: “Quizás a través del cooperativismo llegue la fórmula de hacer buen periodismo”.

PREGUNTA: ¿Cuál es su relación con el cooperativismo?

RESPUESTA: No tengo mucha relación, pero es una fórmula que me parece fenomenal y estoy dispuesta a tenerla. Y es que, cuando comenzó a formarse el cooperativismo en España, yo ya estaba con mi periodismo en otras partes del mundo. Llegué a colaborar con una revista que se llamaba Arreu, que era bastante catalanista, y funcionaba de una forma cooperativista, se cuidaba mucho el tema de la democracia interna.

P.: Dentro de sus múltiples viajes y su profundo conocimiento del mundo árabe, ¿ha conocido cooperativas de trabajo?

R.: Esa pregunta me lleva inmediatamente a la actualidad; a la Plaza Tahrir, en Egipto. Mi experiencia en el mundo árabe me ha dejado ver que su individualismo les mata y su gregarismo les entierra. Por eso, Tahrir me parece tan importante, porque la plaza estaba llena de personas únicas buscando una única cosa para compartirla entre todos. Y me parece que esa debería ser la definición de cooperativismo, y de país.

P.: ¿Otro mundo árabe es posible?

R.: Se me ocurre que habría que pasar del deseo de colectivizar, que es bastante difícil porque hay una reacción que siempre lo impide, al deseo de cooperativizar, que es mucho más realizable. Y esto enlaza con Tahrir porque ese cooperativismo puede convertir un sueño enorme en algo posible, a través de la realización de sueños pequeños.

P.: ¿Puede que surjan alternativas?

R.: Cuando cae un tirano todos nos alegramos, pero luego hay que trabajar. Y el cooperativismo es una buena opción a aplicar. Sería algo así como la socialdemocracia desde la revolución en términos laborales, devolviéndole al término la nobleza que le han quitado. Por ejemplo, sería fantástico que en Egipto se formaran cooperativas de turismo, agencias de viajes que pudieran cambiar la situación de precariedad que tienen sus trabajadores. Yo he tenido que contratar los servicios de una agencia de aquí para un tema de investigación, y sabía que la propina que le iba a dar al chico que contrataba la agencia era más que lo que ese hombre ganaba en un mes. Eso se tiene que acabar. Hay muchísimas cosas que se podrían hacer en cooperativa.

P.: Para formar una cooperativa de trabajo, además del esfuerzo laboral se requiere un compromiso. ¿La gente está preparada para asumir compromisos colectivos?

R.: Si me lo hubieran preguntado antes del 15M quizás diría que no. Pero ahora yo soy de esas tontas que tiene esperanzas. Que piensa que las cosas van a cambiar.

P.: ¿Cómo encaja el cooperativismo en este cambio?

R.: El cooperativismo tiene que ser global, como el capitalismo. Tiene que ser la herramienta global que se enfrente al capitalismo. Una no se opone al capitalismo sólo diciéndolo, gritando y reuniéndose. Ese es un buen primer paso. Pero el segundo es organizarse, y lo jóvenes lo están haciendo. Estos chavales que salieron del armario político nos sorprendieron a todos. Cuando Felip Puig fue a “poner orden” en la Plaza Cataluña, la gente se puso del lado de los chicos. Y ellos se organizaron; muy rápidamente se pusieron unos chalequitos verdes para hacer de “servicio de orden”. Saben organizarse pero es muy conveniente que vayan encontrando las herramientas. Y el cooperativismo debe estar allí. Trabajar con ellos es fundamental, porque están sedientos, y no hay nada más tierno y más emocionante que un joven sediento de aprender y de hacer cosas mejores para cambiar el mundo.

P.: Los jóvenes españoles estarían preparados. ¿Y el resto?

R.: El mundo está preparado para un cambio, definitivamente. Si el mundo árabe ha hecho lo que hizo, con lo difícil que lo tienen allí, es porque puede haber un cambio, y hay que trabajar en ese sentido. Hay muchas empresas que no funcionan y funcionarían en cooperativa. Hasta los propios empresarios deberían estar de acuerdo con el cooperativismo, y estoy convencida de que algunos habrá.

P.: ¿Se ve a usted misma trabajando en una cooperativa?

R.: Yo vengo de una generación en que nos costó tanto la lucha individual, por abrirnos camino. Nuestra forma de cooperativa era la lucha política. Creo que me falta educación cooperativista. Pero no me falta esa parte del cerebro abierta a las novedades. Es más, me parecería un experimento increíble formar una cooperativa de periodistas. En el territorio periodístico, las empresas tradicionales empezaron a hacer dinero muy rápidamente y comenzaron a hacer lo del cuento de la lechera, que es una de esas fábulas en la que se vende el cántaro antes de llegar a la vaca. Y luego de tanto muñirla no se dieron cuenta de que la vaca ya estaba muerta. Quizás a través del cooperativismo se puede llegar a alguna fórmula de hacer buen periodismo.

P.: Usted ha dejado un poco de lado el periodismo para escribir ficción. ¿Por qué?

R.: Vargas Llosa siempre dice que para corregir la realidad, o para conseguir una realidad paralela. Yo si algo tengo en común con Vargas Llosa es esa definición. He escrito toda mi vida novelas de Maruja Torres haciendo de Maruja Torres. Y entonces, a lo largo del tiempo se me ha ido agotando el quién soy yo, y he desembocado en el género negro, escribiendo sobre una reportera como yo, pero con 15 años menos. La literatura me sirve para ajustar cuentas. Y en el último libro me ha servido para poner broche de oro a mi relación con el Líbano, lugar donde ocurre la historia y donde he vivido años.

P.: ¿El próximo paso es?

R.: Ahora quiero hacer una novela negra en el Nilo, que está situada dos años antes de la caída de Mubarak, para mostrar un Egipto que ya antes de Tahrir era un lugar muy doloroso. Tú no puedes pasear por la miseria como si no fuera tuya. Pasar al lado de alguien que te pide y saber que al mismo tiempo te odia, como si nada. Me apetece mucho hablar de ese Egipto doloroso, y mezclarlo además con un crucero de lujo y momias, y que la reportera vaya haciendo justicia a ultranza.