Publicado por: Coceta
Entrevistas / Numero_13 | vie 13 - Mar - 2009

«Las cooperativas deberían ser uno de los instrumentos más eficaces para que se organicen los mandados»

José Vidal Beneyto es sociólogo, filósofo y politólogo. Además de ser un reconocido catedrático e intelectual, fue uno de los forjadores de la transición hacia la democracia en España. Fundador del diario El País y muy vinculado a Le Monde Diplomatique, hoy dirige, entre otras cosas, el Colegio de Altos Estudios Europeos Miguel Servet de París y está formando, junto con otros intelectuales españoles la Cooperativa Walter Benjamin para trabajar en temas educativos y culturales, y desde una opción de resistencia crítica.

Vidal Beneyto

Vidal Beneyto acaba de crear la cooperativa Walter Benjamin.

PREGUNTA: ¿Por qué han creado ustedes una cooperativa para su proyecto educativo?

RESPUESTA: Capital y trabajo son una pareja maléfica imposible y necesaria. Pero hay siempre una confusión, y es la que deriva de la realidad económica, sobre todo en la perspectiva ideológica actual. Es que quien domina en esta pareja es el capital, cuando la realidad sustantiva es exactamente la contraria. Es decir, sin trabajo no puede haber capital, pero sin capital puede haber y hay trabajo. Nuestra consideración era la de poner de relieve que el soporte creador, la verdadera matriz de la acción social, es la del trabajo.

P.: ¿Formalmente será una cooperativa, con Consejo Rector y todos los trámites necesarios?

R.: Para nosotros decir “cooperativa” era hacer del trabajo la piedra angular de nuestro proyecto. Evidentemente así es y así hemos querido que fuera, pero nos hemos encontrado con que por lo menos en España el marco jurídico de las cooperativas es extraordinariamente restrictivo. Queríamos dar un mensaje de ‘pedagogía ideológica’, y al decir que somos una cooperativa estamos queriendo decir muchas cosas. Pero bueno, al mismo tiempo hemos de poder trabajar, y en España el marco jurídico-institucional del cooperativismo, por lo menos ahora y, según dicen los juristas expertos, es muy complejo. La fórmula que hay que utilizar es conservar la designación de cooperativa y buscar un molde jurídico más practicable. Hemos pensado que quizá eso se pueda hacer creando una sociedad civil, que tiene la gran ventaja frente a la anónima de que está muy abierta, y luego esa sociedad civil alberga nuestra cooperativa.

P.: ¿Es una cooperativa de trabajo con trabajadores voluntarios?

R.: Exacto. Es una cooperativa de trabajo donde no hay retribución dineraria al trabajo sino aportación al bien común cooperativo o bien a aquellos destinos que la cooperativa se ha fijado como prioritarios. Es una cooperativa de servicios educativos y culturales. Vamos, por una parte, a trabajar en la búsqueda de unos fundamentos de las comunidades humanas, especialmente de la española. Eso se llama hoy en España, de una manera un poco abusiva y confusionaria, memoria histórica. Por otra parte, trabajaremos directamente en el marco teórico de análisis y reflexión sobre las grandes categorías del pensar social actual.

P.: ¿Cómo funcionará en la práctica la cooperativa? ¿Harán asambleas y decidirán entre todos el trabajo que se va a hacer?

R.: Nosotros no vamos a imponer ningún contenido de trabajo concreto. Cada cual va a seguir haciendo lo que hace en su ámbito. Nuestra tarea, dentro de la cooperativa, va a ser construir una estructura acumulativa de los logros de cada cual.

P.: ¿Por qué cree que a la hora de organizar el trabajo en España la gente no ha podido organizarlo de una manera más justa para las personas, como sería el cooperativismo?

R.: Por dos razones. La más esencial es que la clase dominante, aquellos que mandan en un país, no tiene ningún interés en que los mandados puedan organizarse eficazmente. Y las cooperativas son uno de los instrumentos más eficaces de los que ahora disponemos o deberíamos disponer para que se organicen los mandados, cuya única fuerza es el trabajo. Porque, simplificando hasta el extremo, la cooperativa no es más que el instrumento jurídico-social del que se pueden servir los que trabajan para garantizarse el disfrute del producto de su trabajo. Siendo así, evidentemente la clase dominante no tiene ningún interés en dar facilidades. No las ha dado nunca; no sólo en España, sino en ningún sitio.

En definitiva, todos aquellos que pensamos que la realización del individuo no se puede realizar más que en un ámbito colectivo, necesitamos una forma de organización que reconozca este a priori y lo haga posible. Y yo creo que éste es uno de los fundamentos teóricos últimos del cooperativismo. El cooperativismo, en definitiva, dice: aportemos cada cual lo que podamos sabiendo que lo aportamos a un conjunto que es de todos, al ser de cada uno de nosotros.

P.: ¿Por qué cree que con el correr de los años cada vez hay menos derechos y la gente ha permitido que esa clase dominante de la que usted habla reine de una forma cada vez más voraz?

R.: Quizá las dos grandes dominantes sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX son, por una parte, el economismo o la “economización” de la vida social y, por otra parte, la radicalización del individualismo, lo que llamo el egotismo. Entonces, si lo único que cuenta es nuestro yo, si ese pequeñito ego es lo más importante, y además sólo podemos declinar desde la perspectiva económica, no cabe nadie en ese reducto de mi individualidad económico- egotista: los demás sólo son obstáculos e impedimentos y, por tanto, hay que expulsarlos. Con este a priori, hay que renunciar a cualquier posibilidad de que nos pensemos conjuntamente. La categoría de los bienes comunes, que es una categoría tan fundamental que los laicos compartimos con muchos religiosos, es inconcebible en la sociedad actual. Hoy de lo que se trata es de que cada individuo se aproveche al máximo de los bienes públicos. Si usted sale hoy a la calle verá cómo una cosa tan pública como la acera ha desaparecido: todos los bares inundan las aceras con las mesas y con las sillas, muchos bares han creado párkings de hecho, no de derecho, para sus clientes. Es decir, una sociedad en la que sólo existe el individuo en lo económico no tiene posibilidad ni siquiera de entender lo que es lo común ni lo que es colectivo.

P.: Entonces ¿no hay esperanza en el futuro?

R.: La esperanza está en nuestra capacidad de resistencia y en la fuerza de nuestra lucha. Sólo en nuestra lucha encontramos los recursos suficientes para seguir creyendo. Creo que después de tantos años de haber perdido casi todas las batallas seguimos en la lucha porque no hemos renunciado ni a nuestros ideales ni a nuestras esperanzas.