Publicado por: Coceta
Editorial / Numero_24 / Opinión | sáb 20 - Ago - 2011

Por el bienestar de la ciudadanía

Desde comienzos de este año o incluso antes de comenzar 2011, somos constantemente bombardeados por informaciones que nos sitúan un paso adelante y dos hacia atrás. Cada vez que parece surgir un atisbo de avance, cuando se comienza a percibir que alguna de las medidas adoptadas puede funcionar, entonces, alguna extraña fuerza interviene para que –bien desde el FMI, o desde alguna de las agencias de medición de riesgos “reconocida”, o por parte de dirigentes de la UE, incluso desde instancias patrias–, se vuelva una y otra vez a hacernos retroceder. Cuando los esfuerzos por salvar el “euro” comienzan a dar sus frutos, una bocanada de aire cargado y soporífero vuelve a enviarnos hacia atrás. Y desde las calles, hombres y mujeres comienzan a protestar, porque se están cansando de que la cuerda se tense y rompa por el mismo sitio. Cabe preguntarse si quienes gobiernan en los ayuntamientos, en las mancomunidades, en las diputaciones, o en las comunidades autónomas, realmente han hecho cálculos sobre lo que implican los recortes y las supresiones de programas en la sanidad, en la educación o en la cultura. Estos amplios sectores no sólo son garantes de un número importante de empleos sino que, además, lo son de nuestro futuro. Ninguna comunidad puede avanzar si sus integrantes no tienen la formación idonea; la salud para alcanzar sus objetivos; si no poseen una vivienda; si no disponen de medios de transporte; si carecen de infraestructuras sociales; si no perciben que su esfuerzo tendrá una compensación al final de su etapa laboral. Sin estas premisas, ninguna sociedad puede avanzar. Retrocederemos al siglo XIX. Las conquistas sociales son el resultado del progreso de la ciudadanía que ha logrado la consolidación de un Estado de Derecho que no debemos permitir que nos arrebaten al albur de la crisis de los mercados financieros. Pensemos, por un momento, si de las actuaciones de nuestros dirigentes se puede deducir que realmente quieran nuestro bien, o sirven a otro tipo de intereses más cercanos a los mercados financieros y a grandes lobbys empresariales. Pensemos si no serán estos los que, cual satélites, mueven sus hilos para que a través de campañas bien orquestadas, nos bombardeen, día a día y finalmente depositemos nuestro voto, convencidos de que así desarrollamos la democracia.

Estamos acabando una legislatura, la campaña electoral se ha puesto en marcha. Son muchos los mensajes que nos lanzan, y una gran parte son contradictorios. En el inicio de la crisis todo fueron críticas a los mercados. Entre las conclusiones, había que cambiar el modelo productivo, reivindicar a la persona y no al capital. Esto se escuchó, se teorizó, y sin embargo, no se cumplió. Y la prueba de que los mercados no son la solución sino casi el problema, lo tenemos si dirigimos nuestra vista a un modelo de producción diferente, como el de las cooperativas de trabajo. Mantenemos el empleo contra viento y marea, buscamos mercado incluso dónde ni los analistas más perspicaces lo intuyen, y si no progresamos más, es por la cantidad de obstáculos que nos surgen. Somos emprendedores, mujeres y hombres, con perspectiva socialmente progresiva. Construimos mercado, generamos riqueza pensando en lo local, donde actuamos. Las cooperativas de trabajo de construcción, madera, transporte, comercio, educación, servicios a las empresas, atención a las personas y al entorno, constituyen la fórmula empresarial más emprendedora que existe, ya que sus integrantes son quienes trabajan. Las cooperativas de trabajo se erigen en la primera fuerza generadora de la economía social, impregnando con sus valores a las empresas que gestionan la economía de forma diferente a la economía tradicional. Somos aliados, los más estratégicos, para las fuerzas políticas que realmente quieren servir a la ciudadanía.